Como ejemplo usaré una tarea que a lo largo de los años en los que he estudiado una lengua extranjera, he tenido que realizar en el aula al menos una vez: hacer una exposición de diez minutos sobre un libro que nos hayamos leído.

Las competencias que debemos desarrollar se dividen en conocimientos, habilidades y actitudes. En primer lugar tenemos que tener una serie de conocimientos, en este caso, habernos leído el libro, que es el tema a exponer. Pero este conocimiento hay que usarlo de forma organizada (habilidades), ya que tenemos un tiempo limitado, así que deberemos hacer un resumen de las ideas principales que queremos transmitir. Para ello y para facilitar la exposición, podemos organizar estas ideas en un Power Point, lo cual nos ayudará a recordar aquello que queremos decir y, al mismo tiempo, hará la tarea más amena para los oyentes. Por último, tenemos que tener en cuenta el contexto (actitudes), en este caso el aula, y el nivel de nuestros compañeros, que en teoría debe ser más o menos el mismo que el nuestro.

Todo lo anteriormente expuesto lo llevaremos a cabo de un modo estratégico, lo que implica una planificación de la tarea, su ejecución, evaluación y corrección de la misma.

En primer lugar, debemos planificar la tarea. En este caso, tendremos que tener claro cuál es nuestro objetivo, que es el de conseguir explicar el argumento del libro de un modo claro, seleccionando la información más relevante y al mismo tiempo despertar el interés de nuestros interlocutores por el mismo. Para ello elegiremos el lenguaje más apropiado de acuerdo a nuestro nivel y el de nuestros compañeros, y nos apoyaremos con medios digitales como el proyector, para aclarar conceptos y hacer más dinámica la exposición.

En segundo lugar, pasamos a la ejecución de la presentación, teniendo en cuenta en todo momento la actitud de nuestros interlocutores, si creemos que están comprendiendo o no lo explicado, si hablamos demasiado bajo o demasiado alto, si vamos demasiado deprisa, etc. Es decir, durante la ejecución de la tarea, evaluamos en todo momento el resultado de la misma para corregir los posibles errores si fuera necesario. Por ejemplo, si decimos una palabra, expresión o frase que los interlocutores no comprenden, podemos intentar explicarla de otra manera.

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